Cuando una película presenta
en sus títulos de crédito a una mujerdesnuda saltando a la comba, y más que leer tus ojos se fijan en los
pechos saltones que balbucean oscuras palabras, ya nos damos cuenta que Jess
Franco está presente.
La imaginación de las chicas
de una escuela suiza está llena de fantasías eróticas. Cuando una de ellas ve
que su marido se acuesta sin hacerla caso se rebela y busca en la noche de tender
la ropa en la azotea, donde descubre un grupo de tres hombres que la satisfacen
en sus perversiones oníricas.
Se dice que Jess Franco
dirigió más de la mitad de la película, lo que pudiera ser, ya que en aquella
época hacía de todo con Dietrich y sus colaboraciones eran frecuentes e
incontroladas.
Englobamos así esta obra dentro del saco de dudosa paternidad que engrandece mas la leyenda del creador obsesivo, errante y aberrante.
Abrimos escena con una mujer
que llora ante su propia tumba, o quizás enterrando a su hermana. Sandra y
Muriel son gemelas idénticas que quedaron huérfanas, pero una de ellas lleva
una vida normal, tiene un trabajo en una oficina y una vida sexual decente,
mientras que su hermana, por otro lado, prefiere dejar que sus deseos
gobiernen. No está muy claro quién es quién en esta compleja trama de chantajes,
infidelidades y vejaciones, donde destaca su violación en manos y penes de
cinco hombres, en una sórdida habitación sobre la mesa y bajo la lámpara
oscilante, todo ello en un entorno malsano y tenebrista.
La burguesa empieza a descubrir
a la ‘puta’ de su hermana, una mujer que tuvo muchas aventuras sexuales, y en flashbacks
o simplemente flash, viajamos a través de escenas sexuales recordando que la
mayor parte de la película es una película porno, pero ¿realmente había una
hermana?
Cathy Menard, que interpreta
a Muriel, es la protagonista de la mayoría de las escenas de sexo, aunque
también aparecen Marilyn Jess y Marianne Aubert, actrices de cine para adultos,
que intencionadamente insertadas en reparto, puedan dar renombre a un dvd con
su nombre y desparpajo, junto a Olivia Flores una aspirante a actriz
supuestamente estadounidense. También hay una pareja de morenas de aspecto
asiático que participan en una escena de orgía con Cathy Ménard y dos hombres.
Por el otro lado de la cama
aparece Jean-Pierre Armand, como portero con ‘gancho’ supuestamente bordeline,
un joven a punto de hacer historia como asiduo de las retorcidas perversiones
de la productora Videorama, aquí un joven haciendo sus pinitos con el pito.
El director Gérard Kikoïne,
parisino nacido en 1946, se inició en la televisión para dirigir sus aptitudes
al cine pornográfico firmando más de 30 películas con sexo donde descubrimos ‘La
vitrine du plaisir’ (1978) con Brigitte Lahaie. Al final la fama llegó con una
adaptación de Jeckill y de vuelta a los orígenes.
Kikoïne dirige esta producción
con su estilo de porno francés, que además de mostrar lo que su nombre indica
sabe conjugar adecuadamente la bella imagen y glamour de los actores con el
sexo guerrero, el síndrome de Stendal con el zoom de coitos sin pausa.
Película que conmemora el 30
aniversario de la clasificación de cine S, instaurada en España entre los años
1978 y 1983 para marcar aquellas de gran violencia y con presencia de desnudos.
Tras largos años de censura, en los que el cine español tenía que mantener una
moral rígida, llegó 1975 y, de repente, la gran pantalla empezó a desnudarse.
Si antes las minifaldas eran lo más erótico que se podía ver en el cine, en ese
momento empezaron a rodarse películas con mujeres que mostraban todo su cuerpo.
Los años desnudos se ambienta en aquella etapa, conocida como el «destape».
La película está
protagonizada por Candela Peña, Goya Toledo y la modelo Mar Flores narra la
historia de tres mujeres que coinciden en los rodajes de esas películas
clasificadas S. Lina, Sandra y Eva se conocen en una de estas películas
eróticas y posteriormente coinciden en varios rodajes. Se hacen amigas aunque,
tras lograr un éxito efímero, cada una toma un camino diferente.
En un tiempo donde las
actrices ponían toda la carne en el asador se destaparon los milagros de la
carne para los cinéfilos al filo de lo imposible. Vaya usted con dios que yo
iré con su hija, decía el obrero a la madre que acompañaba a la hija, cuidadín felipín
que ahora estos comentarios son i serán tildados de descarados y fuera de
lugar.
De la misma manera que
aparecieron y desaparecieron los calendarios calientes de bolsillo de mujeres
desnudas, desde el camionero al barbero, lucían en sus carteras y ahora son un
recuerdo vintage de aquellos que lo vivieron como una explosión de libertad sin
par.
Una pareja joven, al poco tiempo de contraer matrimonio, comienza a
aburrirse de sus relaciones sexuales, pues ella resulta ser la frígida que no
disfruta, y esto hace sufrir a su marido,
que cansado de juegos sin final feliz para ella, decide buscar satisfacción en
otra mujer, y encuentra a la persona adecuada, una joven bella y atractiva que
le hará disfrutar como nunca.
Carlos Aured, un cineasta que se había hecho popular en la década de los
70 por sus películas de terror, a principios de los 80 decidió cambiar de
género y pasarse a la comedia erótica que tanto estaba de moda en aquella época
como ‘El fontanero, su mujer, y otras cosas de meter’. En esta película nos
metemos de un largometraje plano en
pleno cine ‘S’, que pudiera o pudiese herir la SenSSibilidad del espectador,
mostrando el cuerpo femenino en todas sus dimensiones, y conformando un
erotismo de muy señor mío que es difícil de ver en la actualidad, cuando lo
políticamente correcto autocensura en tiempos de sin censura.
Káspitas, diría, si no fuera porque en el universo frankiano cabe de todo
un poco, hasta una fotonovela. En particular esta película se llamaba ‘Lust for
Frankenstein’ y había invadido el disco duro de mi ordenador presumiendo
de ser la nueva versión del mito proteico de Mary Shelley.
Después de diez
minutos de ver la película no entendía nada.
Era mi primera película de Jess Franco, toda una nueva experiencia (recordáis la vuestra?), y el extraño
argumento incluía escuchar un disco, supongo que al revés, para captar los
mensajes del más allá de naturaleza satánica (también supongo). ‘Vaya
bodrio!!’, pensé en silencio mientras mi estómago se revolvía como si fuera
continente de la lucha eterna entre el bien y el mal, pero como nunca me gusta
dejar una película a medias sufrí como todo ser humano sufre para llegar al
final y ver toda la película.
Hoy, ante esta nueva visión gráfica del asunto, me armo de valor y abro de nuevo las puertas a
la criatura del éxtasis, rosa de tinieblas, y a vosotros lectores, para
descubrir las claves que en su día permanecieron ocultas en el fondo de un
fotograma.
‘Diario ïntimo de una
Ninfómana’Jess Franco (1972)
‘Trágico Destino’ Alfredo Pons (1982)
En una de estas sincronías del destino, donde el cómic y el cine se dan la
mano, descubrimos la historieta gráfica ‘Trágico
Destino’, de Alfredo Pons, réplica con maestría del argumento esgrimido Por
el cineasta Jess Franco en su película de 1972 ‘Diario íntimo de una Ninfóma’.
En una época de transición entre musas andaba el juego, Montserrat Prous es
laProtagonistade esta película donde se cuenta la tragedia
de una adolescente que escapa de casa y al llegar a la gran ciudad es violada
por un tipejo grasiento en la noria de una feria casposa, lo que la acaba
conduciendo a una espiral de sexo desenfrenado y drogas que desemboca en
suicidio para culpar al culpable de su debacle y bajada al infierno.
Para más información recurrimos a la investigación exobiológica de Horroerótica en su post de
Además, respecto al cómic, juzguen ustedes mismos la alta tensión que reúne
en sus páginas una galería de perversiones humanas que evolucionan en bares,
callejones y clubes nocturnos.
‘Dark Side of Porn’ es una serie documental que examina la industria del
entretenimiento para adultos. Durante dos temporadas (2005 y 2006) se
produjeron 9 episodios para Channel 4 en
el Reino Unido, y ahora los encuentras en youtube.
En este episodio se cuenta la experiencia
de dos mujeres que entran en el mundo del porno. A través de una agencia
podemos asistir a una primera audición y las primeras sesiones de hardcore de
las protagonistas.
Desde los inicios del cine porno se usaron los documentales como excusa
para mostrar morbo y carnes al espectador adulto. Recuerden los nudities y las
series sobre School girls que tratando de denunciar los peligros del porno, y considerando motivos didácticos, acabáramos de
hecho como deshechos de instintos en una película porno.
Por otra parte hay documentales que con sinceridad nos acercan a este mundo
pornográfico humanizando a sus actores, y denunciando la cruda realidad de lo
que significa trabajar en este tipo de industria.
Es el caso de Frankie, vemos a una MILF desenfadada, madre de una niña y
casada con un comprensivo marido, que rompe el tabú en busca de mejoras
económicas. Al principio todo son alegrías, y con profesionalidad se introduce
el sexo y corridas aparte, todo aparece dentro de la normalidad, a ‘good job’,
nada más. Pero al final del reportaje la vemos llorar desconsolada, no es oro
todo y hay toros que con sus cuernos te amargan la vida.
Al final Frankie se jubiló del porno para más suave seguir como pin-un y
vender su físico sin química como modelo.
Como espectador empatizamos con la actriz que de estrella, se estrella, y
se convierte en víctima, aunque en el fondo del abismo un pepito grillo grita ‘ ya te lo decía yo, tú te lo has buscado’, y hemos encontrado en su fracaso el
alivio perfecto a nuestras dudas y cínicamente un puerco agridulce que alimenta nuestra morbosa lujuria.
El nombre de Josep Toutain hizo boom en los años 80 con la edición de
revistas para adultos. Tomando como modelo la Warren americana, editó con sus
materiales las revistas ‘1984’ de ciencia ficción y ‘Creepy’ de terror, o sea, el
esplendor del cómic en España, manteniéndose sus revistas en el candelero a
pesar de la competencia y los aumentos incesantes de precios por culpa del papel.
Curiosamente en sus páginas, los dibujantes españoles como Esteban Maroto, Pepe González, José Maria Beà,
Rafael Auraleón y José Ortiz, que empezaron trabajando en la editorial
Selecciones Ilustradas para dar el salto del Atlántico para Warren, volvían sus
obras a su país de origen para reencontrarse.
Cuando se publicaron las historias de Vampirella en la revista Creepy, las
cartas de los lectores criticaron de forma exacerbada la pobreza de sus
guiones, poniendo a parir a sus guionistas. Lo que algunos lectores ignoraban
seguro, es que en aquellos momentos el dibujante Pepe podía elegir a su
conveniencia el guion. Pepe, después de soportar imposiciones durante toda su
vida para dibujar la mente de algún demente, alcanzó su estatus como el mejor
dibujante de Vampirella y se le concedió
la gracia de poder elegir, y como dice la viñeta, elegir un guion para mostrar
sus bellas mujeres y no complicarse la vida.
El pobre Margopoulos, licenciado en filosofía y religión, guionista en Hunter,
Demon Killer, Vampirella, Eerie y Creepy, se lo tomó con filosofía para esta
historia de ‘La Maldición Wrathmore’
con reminiscencia de rimas y leyendas hasta un cuento de Poe. El argumento
cuenta la leyenda de Amadeus Van Helsing, cazador de brujas y vampiros y
antepasado de los protagonistas, que condenó a una joven Elizabeth Wrathmore a la
horca por bruja, y resultó ser una bruja, que lo maldijo a perder la vida cada
100 años a morros de un perro infernal, tipo Cancerbero, que por unas horas
abandonaba las puertas del infierno para cargarse al joven Van Helsing de
turno. En este siglo le tocaba a Adam, el novio de Vampirella, y ya tenemos el
nudo de la acción servida.
En el ataque perruno resulta que las balas bendecidas para acabar con su
perra vida en realidad han sido maldecidas por los malvados seguidores de Chaos
(los eternos enemigos de Vampirella), así que NO sirven. Una oportuna llamada
del párroco, que se libera en apenas una viñeta, advierte y activa la
transformación de Vampirella que parte en ayuda de su amado. El oportuno
desenlace en la última página de seis viñetas se traduce en quemar la momia de
la bruja para liberarse de todos los demonios.
Estas historias autoconclusivas en 8 páginas no pueden dar más de sí en su
argumento, por lo que el lector deberá disfrutar fundamentalmente del artista
en su dibujo y arte, el arte de Pepe Gonzalez.
Hablar de Pepe Gonzalez es dar un homenaje al mejor dibujante de mujeres de
todos los tiempos. Cuando llegaba a la editorial con sus dibujos todos sus
compañeros lo copiaban y aprovechaban su estilo para mejorar sus obras.
Cuando Warren quiso revolucionar el género de terror introduciendo
elementos eróticos con mujeres de falda corta y dientes largos, encargó a Archie
Goodwin el desarrollo de los argumentos. Pero el dibujo de los primeros
artistas que tomaron el desafío, Frank Frazetta y Tom Sutton, tenían un aire infantil y hasta clásico, por
no decir poco intensos. Cuando Warren vió las ilustraciones de Pepe Gonzalez ya
no dudó ni un momento, aquella imagen era su Vampirella, y con su dibujo se
disparó el éxito del personaje que en 1969 tuvo su propia revista, hasta llegar
a la versión futurista y manga de 2001, suma y sigue para disfrute de los
fieles.
La estructura de las historias de Vampirella de Pepe suele ser de 8
páginas, la primera una ‘splash page’ que sirve como introducción y las demás
de viñetas distribuidas 3 y 3 en dos filas. En unas páginas utiliza las clásica de viñetas rectangulares, mientras que
en otras las viñetas son de contornos trapezoidales para intensificar dinamismo
a la acción.
El dibujo destaca en sus primeros planos de los personajes principales
donde realmente el artista se luce. El tratamiento de la pareja refleja su temprana experiencia y sensibilidad
en dibujar historias románticas para la editorial Toray tocando la ‘Serenata’
para ‘Susana’. Vampirella en todo su terror transita entre el erotismo y
romanticismo con dibujos que melancólicos surgen del papel.
Además los objetos y elementos de
documentación son precisos en la medida que el dibujante fuera agraciado con
memoria fotográfica que facilitaba su capacidad de acción.
La vida de Pepe fue una tragicomedia. Soltero y sin compromiso. Descrito
como el sujeto que duerme de día y toma copas de noche en el "Pub Greta
Garbo" mientras dibuja a Marilyn Monroe, uno que hace retratos y muy de tarde
en tarde, alguna historieta de mujeres explosivas y voluptuosas.
Nunca buscó la gloria ni la memoria y el dinero le fue esquivo, hasta la
miseria en sus últimos años, enfermo lleno de alcohol y falto de espíritu,
murió de pronto sólo y abandonado en su piso en 2009. Dicen que desde que su
madre falleció nadie se cuidó de él, y
él mismo sucumbió al abismo. Muchos amigos que se lamentan, quizás pudimos
hacer más por Pepe, el que regalaba dibujos y cuadros y solamente quería
trabajar 15 días al mes, dos días por página, para el resto vivir la vida.
En fin, llegando al fin pasen y vean‘La Maldición Wrathmore’
Director: Amasi Damiani ( A. Van Dike) y Bruno Mattei (Jimmy B. Matheus)
Año: 1979
País: Italia
Guión:Riccardo Schicchi
Reparto
Ilona Staller... Cicciolina
Patrizia Basso
Giancarlo Marinangeli ... Riccardo
Paola Ludovica Barbanera
Comentarios
Ilona Staller nació el año
1951 en Budapest y desde jovencita sus ricitos de oro alegraron a los Servicios
de espionaje de Hungría con alegría, hasta que lio a un cliente italiano para
escapar de su triste destino y alcanzar la ‘ciudad Eterna’. No en vano Dios le
dio un cuerpo de mujer para quitar el hipo al próximo, un hipopótamo del pantano sin pantalones.
Allí conoció al productor de
cine erótico Riccardo Schicchi, también guionista, que la propuso para un
programa de radio llamado ‘Voulez-vous coucher avec moi?’. Y es en este punto
que empieza nuestra película de tintes autobiográficos relatando la etapa donde
Ilona Staler trabaja en Radio Luna como Cicciolina emitiendo un lubrificante
programa que inunda las ondas de interesado erotismo para despertar la lujuria
de sus radioyentes.
Si Schicchi aparece como
guionista, como director bajo pseudónimo tenemos al mismísimo Bruno Mattei,
conocido artesano del séptimo arte de eróticos italianos a destacar.
Desde su habitación decorada
con posters de desnudos de la sensual
locutora (lo que muestra una obsesión obtusa),
un joven Riccardo (trasunto del guionista y protector de nuestra
artista, aunque este es otro asunto) escucha la voz de su ‘erotimusa’ soñándola
desnuda cabalgando un caballo blanco entre luces de colores, haciendo el amor
con desconocidos. Mientras, desde su prisión con barrotes, en este punto se
apunta a un recluso que estimula su mente con encuentros en la tercera fase con
el chichi de la Cicciolina, mostrando un amor propio que retumba en la soledad
de su jaula.
Al fin Ricardo se encuentra
con la artista del amor con sexo seguro, seguro de sí mismo le pide ser su
fotógrafo personal, y como persona y pesado el hombre, el que la sigue la
consigue y la fotografía en la fontana, que aunque no sea de Trevi, no le falta atrevimiento a la moza, luce muslos y pechuga a cual más
suculento plato en el plató de la escena, en espera del postre.
En una de las sesiones de
fotos con fuego, la húngara se topa con unos desaprensivos que tratan de
violarla. Suerte que llega el mozo amoroso para llevarse unos coscorrones e
imponer el orden natural de la película, que en un intento de socializar la
crítica, la Ciciolina emite un comunicado desde las radioondas donde dice ‘la
culpa es nuestra’, enfatizando lo terrible del hecho que las mujeres llegan a
culpabilizarse en estas casos y son ellas las primeras que han de asumir que
estas violaciones no se pueden perpetuar
en una sociedad civilizada.
Encontramos en este
argumento las inquietudes humanas y
sociales que impulsaron a Ilona a la aventura política cuando en este mismo año
se presentó a las elecciones al Parlamento Italiano. Aunque no logró entrar a
la cámara de diputa2 hasta el año 1985 cuando encabezaba la lista del Partido
Radical, y efectivamente, sus películas eran más radicales.
Llevados por el erotismo no
falta un encuentro lésbico de un profundo sentido estético y una práctica de
‘sitofilia’, una perversión donde se vierten alimentos sobre el cuerpo de la
mujer desnuda, como si fuera la base de una pizza cuatro estaciones. De entre
las posibles parafilias esta es una de las más finas hierbas que podamos encontrar en la extraña
filmografía de esta artista que en su etapa pornográfica no dejará de
sorprendernos.
En el mismo sentido sigue el
argumento y la hermana es violada por un vecino que entra en su piso pidiéndole
limones. Limones los del caribe, pues la arrastra a la mesa de operaciones, de
violaciones se entiende, para abusar de su confianza y de paso de su cuerpo de
mujer.
Claro que el mensaje antiviolaciones queda en entredicho cuando al final la
violada pide más y acaba disfrutando del sexo con pasión y locura, como en las
películas X donde las mujeres siempre piden ser violadas y pasan de vírgenes a
guarras en un santiamén.
Seguramente este giro
argumental señala claramente el paso de la sensualidad mágica en esta película
de 1979, al sexo duro y sin tapujos del
cine su cine porno a partir de 1983. Las azucaradas escenas de esta primera
época de actriz que la precoz modelo
húngara había ejecutado entre velos mostrando sus blancas carnes, se
convirtieron de pronto en escenas hardcore de ‘blowjobs’ y dobles penetraciones
que pueden llegar a sorprender, quizás indignar, al sufrido seguidor de la
artista.
Sin duda fue su
representante Schicchi el que provocó la confluencia de intereses para mantener
viva la llama de la fama. Así él como director y su protegida como actriz,
coincidieron en una brillante carrera pornográfica que dio sus frutos con
películas impactantes, quizás espeluznantes, donde podemos destacar por la
controversia y problemas que dio al
currículum ‘Cicciolina Number One’ (1986). En esta película los genitales de la
artista ya no son un virtuoso desnudo y se convierten en pecado de destrucción
masiva, donde desde los excesos condenados del género se atraviesan prados de
perversiones llegando a la zoofilia, el sexo con animales.
Seguida por las parafília,
todavía en las entrevistas le preguntan a Ilona
por el sexo con un caballo, y ella dice que es una barbaridad, que la
Ilona Staler es una ‘heroína’ haciendo
felaciones a un ‘stallone’, pero el ‘caballo’ era para otra actriz que le
gustaban más las drogas.
Todo este trajín de película
va salpicado con sesiones donde Cicciolina va cantando sus grandes éxitos, como
por ejemplo ‘Lips’, ya que la canción fue también uno de los campos que
dominó esta polifacética artista de la radio y la televisión. Recordemos que
ella fue la primera artista en mostrarse desnuda en un show de televisión y sus
escándalos audiovisuales impulsaron así su carrera en otras materias oscuras.
Llegando a la recta final
del film también se muestra a modo documental una de las funciones de teatro
donde la protagonista canta y baila, danzando
desnuda dentro de una bombilla de plástico junto a dos palomas blancas.
Al final vemos como el público, todos santos varones, invade el escenario para
tocar el vello púbico de la actriz en vivo, que casi se la comen viva y ha de
correr por su vida, llegando al camerino sin ropa ni remedio, mostrando una vez
más su innato altruismo de darlo todo al prójimo, hasta sus bragas.
Tanto las palomas blancas
como las apariciones del caballo y ella cabalgando son parte de la simbología
subliminal que expone la pureza del sexo y un mensaje de amor universal, que
junto a la crítica social contra la violación, dan aire trascendente a la
intrascendencia del argumento solamente apto para adictos a nuestra ‘heroína’,
la Cicciolina.
Cabe también remarcar en
este artículo que la película inspira el argumento del cómic ‘Las aventuras de
Cicciolina’ (1989) del autor Filippuci, Romanini y Ubaldi. En este cómic, los dioses del Olimpo
nombran a nuestra Cicciolina diosa del Sexo y la Sexualidad, y envían a la
Tierra a Cupido, que se transforma en un osito de peluche para acompañar a la
elegida en sus aventuras sexuales.
El osito de peluche aparece
tanto en la película como en el cómic como un elemento identificativo de la
inocencia. Inocente como la obra de Cicciolina y su motto ‘haz el amor y NO la
guerra’, en resonancia con ‘El Amor es la Ley’, un precepto que nos conduce a
Crowley y su ‘magia Sexual’, porque NO dudo que de darse la coincidencia
temporal en la Historia, la Cicciolina sería hoy la ‘Mujer Escarlata’ de nuestro
Mago Negro y sus videos pornográficos serían oficios religiosos reverenciados
por los seguidores del ‘camino de la mano izquierda’, aunque para sus oficios
onanistas utilizaran la mano derecha.
En fin, pasen y vean, en
película o en cómic, los desvaríos de sensual sexo sentido de ‘la húngara de
fuego’, la Cicciolina.