viernes, 1 de febrero de 2008

Capítulo Final


Capítulo Final.

En 1972 Jesús Franco fundó su propia productora "Manacoa Films", con la que grabó muchas películas de bajo presupuesto a lo largo de los 80, junto con Golden Films Internacional. En ellas rueda sin cortes y sin censuras, apareciendo el verdadero genio de Jess que rueda de forma compulsiva, repitiendo temas, actores y localizaciones, llegando incluso a rodar 12 películas en un año.

En aquella época del destape Jesús ya rozaba el porno en sus películas, progresivamente fue incluyendo escenas más y más fuertes en las películas normales, hasta que directamente comenzó a rodar películas X por las tardes, cómo complemento a las que se rodaban, con los actores que estaban conformes y no tenían prejuicios. Como no costaban un duro, económicamente iban bien, hasta que la cosa se complicó por querer Jesús hacer cosas más complejas.

De esta época destaca “El Ojete de Lulú”, protagonizada por Lulu Laverne, Pepito Tiesez , Mela Chupen , Jean Morcillón y Pepet Poyalet. En la introducción ya se nos avisa que algunos nombres son simulados para que a nadie se le arrugue, aunque en toda la película no se observe la más mínima erección. A lo largo de la película se nos muestra el progresivo ascenso a la felicidad del infravalorado orificio: al principio es ignorado, después goza de las caricias de una amable lesbiana, y más tarde se alivia con la cabeza de un “Oscar” que utilizan a modo de consolador, en una muestra más del juego simbólico que utiliza Jess en sus guiones.

En esta película la protagonista está tan entregada que hasta se chupa los dedos. También destaca la excelente dirección de Franco en la presentación de los cuerpos totalmente desmembrados, individualizadas las partes, especialmente el sexo, en unos primeros planos rodados como “el origen del mundo” que hacen realidad la célebre frase de Larry Flint : “¡su coño expresa tanto como su rostro!”.
Lo que a primera vista parece pura y dura pornografía, entre las manos de Jesús se transforma en un auténtico acto espiritual. Históricamente el acto sexual ha sido considerado una relación mística a través de la cual el hombre y la mujer experimentan a Dios. El hombre incompleto busca el encuentro carnal con la divinidad femenina para llegar a la plenitud espiritual y alcanzar finalmente la “gnosis”, el conocimiento de lo divino. Los ritos sexuales aparecen en todas las culturas como medio para elevarse al cielo. En el momento del clímax el hombre queda por una fracción de segundo desprovisto de todo pensamiento, y es en este momento de vacío que adivina a Dios.

Para los protagonistas de las películas de Franco el orgasmo es como una oración. Aunque en nuestra civilización occidental la institución de la Iglesia pueda llamar pecado y perversión a este deseo sexual. Quizás por esta incomprensión hacia el cine de Jess, el Vaticano ha llegado a clasificarlo, junto con Buñuel, como el cineasta más peligroso para la salud moral de todos los tiempos.

En este camino de la Horrótika le ha acompañado desde los años 70 la actriz Lina Romay. La trágica desaparición en accidente automovilístico de Soledad Miranda dejó a Franco huérfano de musa y de referente erótico para sus películas. Jess conoció Rosa María Almirall a principios de los 70 en Barcelona, y poco se podía imaginar que acabaría convirtiéndose en su actual mujer y musa particular durante más de treinta años. En aquellos primeros tiempos Lina estaba unida sentimentalmente a Ramon Ardid, uno de los habituales colaboradores de Jess como fotógrafo, que intervino también como actor secundario en las primeras películas de Lina con la que rodaba las escenas de sexo explícito. El nombre artístico de Lina Romay es un homenaje a una cantante neoyorquina de padres mexicanos que en los años cuarenta amenizaba las actuaciones de la orquesta de Xavier Cugat. Lina debutó con Jess en Relax Baby y en La maldición de Frankenstein y poco a poco se fue consolidando como su actriz principal. En 1978 Franco se había separado de su mujer, la millonaria francesa Nicole Guettard, y por otro lado Lina y Ardid habían roto definitivamente como pareja, así que decidieron regresar a España y desde entonces han estado fuertemente unidos en todos los buenos y malos momentos, realizando juntos más de cien películas.

Lina Romay fue de las primeras mujeres en España que traspasó la barrera del softcore y se atrevió a rodar cine porno. Entre 1984 y 1987, una vez legalizado este género en España y regulada su exhibición en las denominadas salas X, protagonizó un paquete de films hardcore en las que acometía, ya sin ningún tipo de simulación, escenas de sexo explícito A partir de la segunda mitad de los años noventa Lina, ya con más de cuarenta años cumplidos, siguió ejecutando con la misma entrega y entusiasmo de antaño sus performances eróticas sin que el paso del tiempo y la madurez de su cuerpo, la impidieran mantener su decidido compromiso para seguir ejerciendo como fetiche sexual femenino de tío Jess. Sus histriónicas actuaciones son siempre vividas con intensidad y provocan la redención de la materia por la sublime manifestación mágica de amar al diablo.


En 1996 Jesús Franco volvió a la carga con "Killer Barbys", donde aparece Santiago Segura, y produciendo un video clip para el grupo Los Planetas que fue censurado. En esta nueva etapa se dio cuenta del potencial del cine digital. Franco ha sido un pionero en el uso del digital, quizás porque, como siempre, sus presupuestos han sido ajustados, y resulta que rodar en digital sale mucho más barato que en 35mm. Además siempre le ha gustado jugar con las nuevas posibilidades técnicas como filtros, encadenados, imágenes múltiples, flous y demás efectos especiales. Para Jess el cine es la libertad de la vida. En este sentido sus palabras son explícitas: “el cine tiene que ser libre, yo soy libre, no me ha gustado nunca ser esclavo de ningún productor y me gusta innovar cuando hago cine”.

Jess Franco se queja amargamente de que su cine siempre ha sido menospreciado, y que ha sido al romper el siglo, ya en su vejez empieza a recoger reconocimientos y honores. Actualmente algunas de sus últimas películas ya se han editado en DVD, son películas que llevan hasta el límite la sinceridad de su director, en un intento de contar aquellas cosas que no se cuentan normalmente en el cine, justamente porque aun hay mucha dependencia de las productoras y de las grandes estrellas.

En esta etapa rueda películas como “Carne Fresca”, que en un principio se había propuesto como un proyecto conjunto de Franco con José María Ponce, el rey del porno hispano, pero al final sólo rodó Jess. Ello nos privó de un encuentro increíble: Lina Romay versus María Bianco, las dos musas de los cineastas, ambas con una edad que no perdona a sus cuerpos, pero que seguro habrían provocado una tensión erótica inédita .

El film describe el reclutamiento, secuestro, perversión, tortura y caza final de una apetitosa jovencita. Para el desarrollo de semejante película Jess utilizó a la omnipresente musa Lina Romay y dos viejas glorias masculinas: Aldo Sambrell y Alain Petit. Franco insiste en sus obsesiones más habituales: fetichismo, números de cabaret, lesbianismo de vibración lingual, y sadomasoquismo en acciones tan dispares como succión de tacones “bajo mesa” o elaboración de un suculento plato con orina de la esclava doméstica.

Escondido entre inverosímiles seudónimos, Jesús Franco se ha ganado a pulso la corona del cine ‘trahs’ español. Sin duda en los altares de la historia del cine aparecerá su figura junto a la del otrora inclasificable Ed Wood. Las múltiples coincidencias entre estos dos monstruos del cine de terror les unen en un mismo destino de incomprensión y denostamiento inicial para acabar como seres míticos. En ambos casos abusaron de sus actores fetiche, y sus improvisaciones y puestas en escena que fueron increíblemente abominables. Han sido, son y serán maestros del cine cutre y marginal donde cuanta más el contenido que el continente, fieles a su cámara y su libertad.

Clasificar el cine de Franco de ‘cine basura’ o ‘trash’ resulta polémico, pues cualquier tipo de manifestación artística, ya por definición, merece un respeto y una valoración contextual. El cine basura se distingue por la intención de sus autores de realizar películas ofensivas culturalmente, hacer un producto provocador y repulsivo para el gran público. Este cine nace de la crisis cultural, ética y estética de nuestra civilización occidental, y nos muestra sus elementos más perversos como la vulgaridad, el exceso y la superficialidad, siempre llegando a extremos nauseabundos.

Es un hecho que el cine basura ha existido siempre y normalmente ha sido consecuencia involuntaria de la pobreza de medios y los bajos presupuestos, aunque estas limitaciones presupuestarias y artísticas han marcado, para bien o para mal, las características sutiles de la filmografía de Franco: un director de bajo presupuesto que nos ha obsequiado siempre con aquel plano inútil, aquel diálogo surrealista y ridículo y aquellas escenas destructoras que tanto cuestan de digerir.

Jess Franco nos ha proporcionado un enorme lote de films donde encontramos extensamente tratados los más variados géneros, del horror al thriller, con espías, comedias, westerns y porno. Una extensa Tierra Incógnita considerada basura e inmundicia, tempranamente repudiada, odiada y ridiculizada por críticos y público que ahora recibe una segunda oportunidad y experimenta un merecido renacimiento, sobretodo entre esta juventud apocalíptica que busca sus santos en personajes controvertidos, polémicos y freakis.

El videoadicto puede disfrutar hoy de las películas más fantásticas con zombis, monstruos, vampiros y vampiras. Hay películas cómo "Sadomanía", " El Sadico de Notre Dame", "Sadiesterótica", "Vampyros Lesbos", o "Tender and Perverse Emanuelle" que se habían perdido en las filmotecas de innumerables países, y que ahora se están buscando desesperadamente. Películas que te absorben aunque no estén dobladas y no entiendas nada de lo que dicen, pues lo que cuenta es su atmósfera .


“Muchas de mis películas están empezando a descubrirlas ahora, porque a mi me ha pasado una cosa dramática, yo tengo un numero considerable de películas que todo el mundo ha encontrado despreciables, repugnantes y una mierda , ahora, 10 años después de que yo las he hecho empiezan a decir "ahh... aquellas", no jodas… impresionantes!!!” – dijo Jess.

Los deseos más ocultos quedan al descubierto en el cine de Jess Franco. Su mundo es un lodazal húmedo de sexualidad consentida entre sábanas infinitas manchadas de sangre y gemidos perversos que cortan la atmósfera llenándola del aroma del deseo. Toda una provocación que con sus mensajeras ambiguas, mitad mujeres y mitad diosas, despiertan nuestros sueños líquidos.

Hay películas mágicas que dan buena suerte. Todavía sigo viajando por el metro con la lujuria del monstruo entre las manos. Temo el día que deba regalar la película, los objetos llegan a nosotros deseosos de transformarse en símbolos y somos nosotros que los convertimos en sagrados con nuestra voluntad.

Esperando eternamente la ‘mors justi’, la muerte de los justos, aquella en que el cuerpo se libera a la muerte por agotamiento lujurioso debido a un exceso de placer o sufrimiento y que sobreviene en el mismísimo orgasmo final. Como la rosa que nace entre el estiércol, el universo fenomenológico se manifiesta con la energía de unas palabras protagonistas, y a través del mapa de tu cuerpo rindo culto al amor perverso, someto mi alma al diablo entre las incertidumbres de tus vacíos:
“ sed caleat cunnus semper amore mio “

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